Por Fabián Soberón

PARA LA GACETA - TUCUMÁN

El frustrado pesimista quiere convencernos de que el universo tiende hacia lo peor. Pero el pesimista no puede probar su afirmación; y si arremete con ejemplos, estos se reducen a los del exiguo presente o a los del inalcanzable pasado. Ninguno de los casos le permite inferir el conocimiento del futuro, que es precisamente lo que quiere afirmar.

El alegre optimista cree en la mejoría inevitable del universo. A partir de argumentos similares al pesimista afirma su tesis por y para el futuro. Ambos creen que la historia tiende hacia una meta que determina todo el curso de la historia. Estos poetas del tiempo no pueden redimirse. Carecen del parámetro o fundamento que les soporte su estado de ánimo.

Desde una perspectiva que revisa el marxismo ortodoxo y que cuestiona el optimismo como una actitud ingenua, Terry Eagleton se pregunta por el lugar de la esperanza en el mundo contemporáneo. Esperanza sin optimismo revisa las concepciones de filósofos como Santo Tomás, Sartre, Adorno y Ernst Bloch.

Quizás como una forma preparatoria de su propia concepción, Eagleton analiza el tiempo mesiánico de Benjamin. Benjamin no acepta la visión de la historia como progreso. Se opone a una idea lineal y simplificadora de la historia y quiere hacer justicia a los marginados y olvidados de la historia. Casi como Nietzsche, Benjamin considera que es fundamental leer el pasado para así influir en el futuro. El tiempo mesiánico es el tiempo del intersticio, esa rendija por la cual puede encenderse la interpretación de la historia.

Como sugiere Eagleton, la esperanza puede ser el motor para pensar el futuro siempre que esté desligada de la emoción ingenua del optimismo. Eagleton sostiene una filosofía de la esperanza lejos del conformismo y del pesimismo.

La verdadera esperanza surge en la desesperación. Es lo que sobrevive a la catástrofe general. El concepto de progreso debe fundarse en la idea de catástrofe, dice siguiendo a Benjamin. Menos ligada a la actitud sentimental que atrapada en una lógica contradictoria y lúcida, la esperanza surge frente al caos y la hambruna. Hacia el final, como si fuera un canto elegiaco y esperanzador, Eagleton despliega una concepción del hombre.

Asco por el género humano

La compilación Oda al odio incluye textos que elogian el asco, el desparpajo, la ilustre misantropía y el pesimismo. Baudelaire, Beckett, Bukowski, Nietzsche, Pascal, Shakespeare, Kierkegaard, Mark Twain, Montaigne, Swift, entre otros, desarrollan en tragedias, ensayos y narraciones, las armas furibundas en contra del hombre (y de la mujer). Como si fuera un catálogo empecinado de la melancolía y de la burla, la antología confecciona y pone en escena ciertos modos de entender el desprecio y de argumentar el rechazo a la esperanza. Aunque puede ser leído como una elegía, este libro heterogéneo puede hacernos odiar y reír para pensar. Si bien el pesimismo se asienta en el desconsuelo, quizás sea una plataforma para la acción. Frente al dolor, la muerte y la destemplanza, lo único que nos queda es la reinvención del sentido. El pesimismo es un impulso al revés. Nadie que haya leído a Schopenhauer, Hobbes o Pessoa siente que la vida es una música diáfana y segura. El pesimismo nos hace pensar que todo va a suceder peor de lo previsto. Si lo tomamos como un antídoto contra el ingenuo optimismo, puede entenderse como una catapulta para la precaución. Cuando adviene el futuro, aparece la sorpresa: el mañana es mejor de lo que uno imaginaba. Este es también el lugar preciado de la utopía negativa. Oda al odio compone un mosaico de actitudes, relatos y argumentos que nos indican, por vía negativa, que la desesperanza puede ser un medio para la acción y la risa.

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PERFIL

Terry Eagleton nació en 1943, en Salford (Gran Bretaña). Estudió en Cambridge, enseñó en Oxford y hoy es profesor de Teoría Cultural de la Universidad de Manchester. Es uno de los críticos culturales más destacados del mundo. La función de la crítica, Las ilusiones del posmodernismo y Sobre el mal son algunos de sus libros más reconocidos.